26 de febrero de 2013

Razones con hielo.

A veces no es suficiente con sonreír frente al espejo de tu oscuro pasillo. Igual que a mi no me basta con que finjan que son felices. En realidad, muchas veces cuanto más tratamos de proteger a alguien, mas daño le hacemos.
Puesto a que mi vida sentimental-emocional es tan complicada, hace meses decidí que fuera mía. Solamente mía, ya que sólo yo podría entenderla. Para que así nadie pudiera juzgarla. Decidí encerrarme en mi misma, ser mi única amiga. Y, a veces, francamente, me arrepiento. Porque todo esto se me ha ido de las manos, y cada vez se me acumulan más razones por las cuales gritar, por la cuales huir, por las cuales llorar. Y no puedo hacerlo, ahora ya no, nadie lo entendería. Decidí que, si nadie me quería, ¿porqué lo iba a hacer yo? Y he estado regalando sonrisas, ocultando lágrimas. Empiezo a parecer una loca amargada, pero estoy encarcelada. Y no me apetece salir de aquí, del yo, del mi. Me he propuesto salir adelante yo sola, afrontar mis problemas yo sola y aprender a conocerme y conocer mi entorno. Saber a quién le importo y quién me utiliza. Parezco fría, calculadora, astuta. No lo soy. Soy la misma gilipollas sensible de siempre. Pero si no me muestro así seguirán jugando conmigo como hasta ahora. Me propuse construir mi propia coraza día tras día. Hacerme invencible. Una guerrera. Dura como el acero. Inflexible. Hija de puta. Sin dar explicaciones, ni un porqué. Quiero conocerme, construirme, averiguar el porqué de cada una de las putadas que he tenido que tragar toda la vida.