5 de noviembre de 2011
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"Dame alas y volaré hacia ti." La cuestión es... ¿Quiere que lo haga? Porque si no lo desea, ¿por qué me incita a quererle? Yo soy la inmadura, sí, yo soy lo que tu digas que sea. Pero tengo las cosas muy claras. Sé lo que quiero y cuando lo quiero. Y también soy muy consecuente con las consecuencias que puedan acarrear mis actos y decisiones. Y ya no tengo miedo a perderlo todo si al final del camino me esperan el y sus abrazos huecos. Y que todo sea por verle sonreír a mi lado. O poder mirar sus ojos transparentes cuando me plazca... Además, en esta vida no se madura con los años, sino con los daños. Y aseguro que de eso voy servidita. Al igual que no importan los años de tu vida, sino la vida de tus años. Y yo pienso que a estas alturas nadie puede decirme que soy una persona inmadura o una niñata, porque hace demasiado que dejé de jugar a las muñecas y de hacer lo que hacen todas las personas de mi edad. Hace tiempo que no soy una niña, sobretodo desde que empecé a quererle. Ahora bien, a el se lo perdono todo. Porque sí. Porque es el, porque son sus palabras, porque su boca tiene mensajes indescifrables... Y es esa mirada que me hipnotiza hasta con los ojos cerrados, su personalidad... Todo el me mata, me sobrepasa. Es todo el. Tan audaz. Tan extremadamente tierno... Y que si le digo que le echo de menos, en realidad quiero decir "vuelve".
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