
De pequeña cuando llovía en verano, solía quedarme en bragas y salir a mojarme con mi hermano a mi patio o al bancal. Me encantaba sentarme en el suelo y llenarme de barro y mierda mientras me moría de frío. Mientras, mi madre sentada en una silla, con un paraguas en el porche de la casa y una toallas en las piernas diciendo que nos metiéramos ya a secarnos, que nos íbamos a constipar. Lo amaba, y lo echo de menos. Hasta que un día dejamos de hacerlo a causa de una gripe. Ahora me encantan los días de lluvia, porque aunque no puedas salir casi a la calle, mi casa se hace acogedora. Me encanta estar en mi cuarto, y oír las gotas chocar con el suelo o contra el techo del patio. Me encanta el olor a barro, a humedad.. a invierno. El frío que hace incluso cuando llueve en agosto es especial. Y ya me da igual que me planche el pelo y al rato se me moje y se me bufe, me da igual empaparme entera y ir pela de frío. Adoro los días de lluvia, sobretodo porque después sale el arco iris.
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