18 de abril de 2011

A veces pienso y no puedo pensar. Intento poner la mente en blanco y de repente apareces tú, y tu sonrisa. Te veo y lo único que me sale es llorar. Llorar sin sentido, otra vez. Pero al llorar me siento guapa, te siento cerca. "Estás preciosa hasta cuando lloras", dijiste. Intento hacerme la fuerte, pero no lo soy. Te quiero y estoy empezando a odiarme por ello. Estás lejos. Muy lejos. Demasiado lejos. Y piensas que tienes el derecho de pedirme tiempo. Y yo no puedo dártelo. No puedo estar sin ti más tiempo. ¿Es que no lo entiendes? Llevo esperandote muuuuuuuuuucho tiempo. Y me canso. Y decido dejar de quererte, olvidarte. Pero este "sentimiento" es superior a mi. Y ya no tengo nada claro. Me besas. Te digo lo que siento. Haces como si no hubiera pasado nada. Pero si a pasado. Quizá lo mejor que me podía haber pasado en mucho tiempo. Ahora, dime... ¿Quieres jugar? A mi me da igual jugar sabes, llega un momento que me da igual lo que tenga que hacer o soportar sólo por estar cerca de ti. Por poder verte. Por saber que me recuerdas.

























Me da rabia. He perdido la ilusión. Por ti. Por tu puta culpa. O tal vez por la mía. Mis amigas piensas en sus rollos, en sus noches locas. Yo no. Yo te guardo fidelidad. Aunque tu te acuestes con la primera que pase. No se porque lo hago, no debería hacerlo. Pero tengo la sensación de que te debo algo. Son las 23:45. Todo el mundo está durmiendo en casa. Y yo sigo aquí. Escribiendo[te]. Perdiendo el tiempo, como llevo haciendo ocho meses. Volviendo al principio, te esperaré. Lo que haga falta. Eres mi mayor deseo y mi mayor sueño. Y ya estoy harta de dejarlo todo a medias. Te quiero más que nunca quise a ningún otro hombre/chico/gilipollas.

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