Miro tu imagen, sonriendo, feliz. Y con una mueca de lo que podría ser una sonrisa asoma en mis labios. ¿Cuál es el poder que tienes sobre mi? No lo sé. A decir verdad, lo más probable es que nunca lo sepa. Simplemente no puedo estar triste si te miro o estás cerca. Y a veces, sinceramente, te odio por eso. Es tan injusto...
A veces es necesario sentir tristeza, ¿sabes? Es parte de todo aprendizaje y sin embargo siempre estás tú ahí. En mis paredes. Sonriendo con esa dulzura que desprendes. Esa dulzura que sólo tú posees. Esa dulzura que me hace olvidar por un segundo, aunque sólo sea un segundo, que tengo una vida más allá de tu mirada y tu sonrisa. Y que, mi vida, apesta. Eres como una droga, creas adicción ¿entiendes? Y, ¿sabes por qué lo eres? Porque a tu lado desconecto y consigues evadirme de absolutamente todo. Porque me haces pensar que todo está bien, por un efímero segundo. Tal vez me precipité. No debí abrir la boca, lo sé. Y cada día me arrepiento más y más. Pero esto es muy grande. De a aquí a días me estallará el corazón de tanto amor que he ido almacenando para ti. Tengo es corazón hasta las tachas. Tengo tu nombre tatuado en cada rincón de mi anatomía. Paseo por la calle mientras que en mi cabeza pienso: aquí estuvimos juntos, por aquí fuimos a tal sitio. No aguanto. Cada canción, cada sensación. Todo va enlazado a ti. Y tu no lo comprendes. Hazme un favor, dime que te olvide y quizá, algún día, lo consiga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Coments:)