Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras. Y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da. Pero además lo he visto serio, ser el mismo. Y enserio que eso no se puede escribir en un poema. Todo eso de que el puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir viva y a la mierda con la autodestrucción... Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre. Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que el aparezca de golpe y de frente. No sabes lo que es despertarte y que el se retuerza y bostece, luego te abrace, y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro y formato gemido y en formato secreto. Que no solo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores, y yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo). Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente el, rendido a ese puto milagro que supone que exista.
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